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Memorias tangueras

Solía decir Aníbal Troilo que las historias de tango tienen vieja memoria. Parafraseando a Pichuco, podemos decir que Rosario tiene viejas memorias de tango.

Por Gerardo Quilici

Es conocida la teoría borgeana respecto a que el tango bien podría haber nacido en Rosario. Tal vez lo manifestado por Borges no se ajuste a la realidad, pero algo es indudable: el tango está ligado a nuestra ciudad desde la época de su gestación.
En una ciudad portuaria, donde se fusionan criollos e inmigrantes, con barrios prostibularios como el mítico Pichincha, es natural que el tango haya sido el cauce por donde aquellos pudieron expresarse y forjar su identidad.

La Guardia Vieja
Lo cierto es que entre estos primitivos cultores del tango existían muchos músicos intuitivos. Pero también es llamativo cómo se fueron acercando al género otros músicos de formación académica, muchos de ellos inmigrantes, que se sintieron atraídos por esa música naciente, destinada a perdurar.
Tenemos un buen ejemplo en Feliciano Latasa, pianista y compositor español radicado en Rosario a fines del siglo XIX. Aquí dirigió la orquesta de la Sociedad Española y el Orfeón.
Bien pronto formó su orquesta Típica y compuso el tango “Gran Hotel Victoria”, que habría estrenado en la ciudad de Córdoba en 1906. Un año antes, Jose Baracco estrenó con su orquesta el tango “Agarrate Catalina”, uno de los primeros compuestos en Rosario según testimonian las crónicas de la época. Otros de los importantes músicos de la llamada guardia vieja que se radicaron un tiempo en Rosario fueron Prudencio Aragón, “El Johnny”, y José Luis Padula, compositor del célebre tango “9 de Julio”.
Aragón, nacido en Buenos Aires en 1887, dominaba varios instrumentos y alternó con los grandes de su tiempo. Fue, además, pianista de Eduardo Arolas. Hacia 1903 se radicó en Rosario, y aquí compuso el tango “Las siete palabras”, todo un suceso, muy requerido por los pianistas de la época, ya que para tocarlo era necesario un buen dominio del instrumento.
Un músico culto que tuvo aficción por el tango fue Juan Bautista Massa. Compositor de óperas, zarzuelas y ballets, docente de música en diversas escuelas de nuestra ciudad, escribió algunos tangos, entre ellos “Don Luis”, “El matambre” y “El estribo no paga patente”.
Otros compositores de principios de siglo, radicados en esta ciudad, y que contribuyeron a engrosar nuestro acerbo, fueron Cayetano Grossi (“Che Antonio, cerrá el cajón”), Cantalizio Aranaz (“La diagonal”, “Es al ñudo que me fajen”) y Pascual Romano, músico italiano, profesor de piano, canto y armonía. Director de la Orquesta de Italia, contratado en 1887 para hacer lo propio en nuestra ciudad, donde durante muchos años dirigió conciertos y ejerció la docencia. El también se sintió atraído por el tango  se recuerda de su autoría “Qué flechazo”).
Como se apreciará, varios de aquellos primitivos tangos rosarinos fueron escritos por músicos cultos. Tomando otros ejemplos citaremos a Adolfo Lapicotiere, violinista, director de orquestas sinfónicas, concertista de violín, que por los años veinte compuso el tango “Lo que no se ve en Mustafá”. Por último citaremos a José Francisco Berrini, nacido en Rosario en 1897. Berrini dirigió orquestas sinfónicas en Rosario y en el Teatro Colón de Buenos Aires, fue fundador y director de la Asociación Sinfónica Rosarina y es compositor del tango “Marianito”.
En 1904 se radica en nuestra ciudad José Luis Roncallo, protagonista fundamental del período que nos ocupa. Músico de sólida formación, ejecutante de piano, armonio y contrabajo, integró y dirigió orquestas de óperas y zarzuelas, incorporando tangos al repertorio de las mismas, en una época en que era música prohibida, razón por la cual los presentaba bajo la denominación de Aires Nacionales. Así estrenó el tango “El Choclo” de Angel Villoldo, en el Restaurante Americano de Buenos Aires en 1903.
Ejemplar compositor de la Guardia Vieja, gran parte de su producción autoral la dio a conocer en Rosario. Recordando algunos de sus tangos citaremos “El purrete”, “Guido”, “Ni fósforos”, “No crea, rubio”, “El rosarino”, entre otros. Cabe agregar que fue Roncallo un hombre muy querido y respetado. Los nóveles músicos de aquella época encontraron en él a un colaborador y consejero desinteresado.

Nuevos aires
El período del tango que se indica como Guardia Vieja, se extiende hasta casi fines de la década del ‘10. No se puede establecer un límite exacto, pero es evidente que, a partir de la década del ‘20 se produce una corriente totalmente renovadora. No obstante, fueron muchos los músicos que continuaron aferrados a las antiguas modalidades con verdadera aceptación popular. Algunos de aquellos músicos que tuvo Rosario fueron: Pepe Mulé, Nicolás Donadío, Pepe García, Salvador Frumusa, Germán Ordoñez, Alfredo Rodriguez, Nicolás Mastroiacovo y Francisco Tapia, entre otros.
El tango vive sus momentos de gloria con algunos altibajos hasta la década del 60. Rosario tiene su gran movimiento tanguero interno y a su vez aporta a Buenos Aires músicos y cantantes de gran trascendencia: Libertad Lamarque, Agustín Magaldi, Agustín Irusta, Héctor Palacios, Raúl Lavié, Aldo Calderón, Antonio Ríos, Julio Ahumada, Fernando Tell, , Domingo Mattío, Osvaldo Montes, Néstor Marconi, Emilio Barbato, José Dames, Enrique Munné, los hermanos Lípesker, Manuel Sucher, Lito Bayardo y tantos otros.
En el transcurso aproximado de cuatro décadas proliferaron en nuestra ciudad gran cantidad de orquestas típicas. Es imposible brindar un panorama completo sin evitar involuntarias omisiones. De todos modos, muchos son los nombres que nos llegan de la memoria: Santiago París, Laerte Carroli, Anastasio González, Manuel Vega, Roberto Zanoni.
Cómo no recordar a Abel Bedrune, en cuya orquesta, allá por 1931, integraron la fila de bandoneones dos chiquilines destinados a ser los más cabales representantes de la llamada escuela badoneonística rosarina. Eran ellos nada menos que Antonio Ríos y Julio Ahumada.
Y tras el nombre de Bedrune, surge el de su hija Ebe, que también dirigió su propia orquesta. Y así se suceden recuerdos, nombres y conjuntos como los de José Salas, su hermano Domingo, Juan Rezzano, Héctor L. Garrot y sus “Provincianos” Luis Chera y sus hermanos Héctor, Rodolfo y Julián, los hermanos Emilio y Nicolás Barbato, Raúl Bianchi, Julio Conti, José Corna, Alberto Vaga, Marcelo Polato, Nito Farace, Angel Bellía, la orquesta de señoritas Anita, la Típica Scazzina, Juan Antonio Manzur, Omar Torres, la orquesta Torres-Agri, los Poetas del Tango, Domingo Federico, éste último, radicado en Rosario a fines de la década del 50, también dirigió su propia orquesta y pequeños conjuntos.

Zona de crisis
A partir de la década del '60 el tango entra en un período de crisis. Las multinacionales de la industria discográfica, a través de los medios, impulsan otro tipo de música y el tango pierde posiciones en la preferencia popular. La juventud se aleja o ignora el tango, y las orquestas, poco a poco, comienzan a desmembrarse. Subsisten pequeños conjuntos, y para un público reducido. Meritorio esfuerzo el que realizaron en Rosario Tritango (R. Bustamante, R. Nofri, N. Nofri), Tango Tres (H. Grimolizzi, R.Grimolizzi, R. Casaniti), Tangoral Trío (E. Picca, Hermanos Oronao), Rositanto Trío (Mangiantini-Paponi-Cavallo) y Omar Torres con su grupo de músicos jóvenes y sus inquietudes renovadoras, Orlando Trujillo, el inclaudicable Cholo Montironi y tantos otros, incluso cantores que mantuvieron encendida la llama del tango.

Las nuevas generaciones
Y así llegamos a los '90, en que el tango retoma impulso, baile mediante, con un interesante poder de convocatoria en la juventud. Lo importante es que nuevas generaciones de músicos han descubierto el género. En la escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), por iniciativa de Domingo Federico, se crea la Cátedra de bandoneón, que el mismo ejerció. La iniciativa de Federico más el aporte de otros docentes dio una nueva generación de bandoneonistas. Pero, además, estudiantes de distintos instrumentos se acercan constantemente al tango.
Por 1990 surge el Quinteto Camandulaje. De ahí en más se han formado muchos conjuntos de jóvenes con inquietudes y propuestas disímiles. Sexteto Baruyo, Calle 6, Los Tauras, Tango
Quintet. Y ha sido de fundamental importancia la iniciativa de Domingo Federico al formar la Orquesta Juvenil de la UNR. Posteriormente, se creó la Orquesta Juvenil de tango del Instituto Provincial del Profesorado de Musica. (IPPM).
A partir del nuevo siglo es llamativo el movimiento tanguero en la ciudad. Lo que se insinuó en la década del noventa, se acrecentó con el numeroso aporte de las nuevas generaciones, que junto a las anteriores brindan un panorama de tango como en las épocas más brillantes de nuestra música nacional. Hoy, es admirable la cantidad de orquestas, pequeños grupos y cantantes que hacen una realidad más que promisoria:
Orquesta Típica La Maleva, Orquesta La Biaba, Quintegaseto, Quinteto Berretín. Sexteto Vendaval, Undertango, Víctor Parma Quinteto, Quinteto El Amarre. Orquesta Típica de Carlos Quilici. Cuarteto Biyuya, Contratiempo, Dúo Febre-Bergese, La Turrera, Las Rosicler, Leonel Capitano, Tres Fulanas, Joel Tortul Trío, Vito Sputnik, Quinteto Camandulaje. Estos son algunos de los grupos que representan el tango rosarino actual.
Es de destacar la importancia de la creación, hace unos años, de la Orquesta Escuela de Tango dependiente de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad. Esta orquesta, dirigida por Javier Martínez Lo Re, ha contribuido y lo sigue haciendo, a la formación musical de muchos jóvenes abocados al tango. Varios de los grupos mencionados, han surgido luego de adquirir conocimientos y experiencia en esta orquesta.
Estamos convencidos que estas nuevas generaciones de músicos, en su búsqueda de identidad, se han acercado al tango. Es evidente que la encontraron, y ésto nos permite reflexionar, que este movimiento, como lo viene haciendo, se irá acrecentando día a día. El futuro del tango está en muy buenas manos.

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